lunes, 11 de mayo de 2009

Se acaba

La noción de la hora la había perdido hace rato. Por la posición de la luna en el cielo, imaginó que eran alrededor de las 12 de la noche. Sus únicas compañeras eran las luciérnagas que emergían desde la tierra húmeda, iluminando el oscuro sendero y dejando estelas fluorescentes a su alrededor. Ni una sola nube cruzaba el cielo, ni un solo sonido se oía en la distancia, ni una sola alma se veía en el camino, ni a lo lejos ni en las cercanías. Después de mucho andar, un monumental pájaro aparecido de la nada, se cruzó por delante de sus ojos, a pocos metros de distancia, lanzando un graznido que rasgó el aterciopelado silencio, convirtiendo su pecho en un acelerado tambor. Las luciérnagas espantadas se esfumaron, el silencio era tan hondo que parecía oírse, la atmósfera se espesó por el intenso miedo y la luna fue surcada por una nube gris. En ese momento el tiempo empezó a correr a la inversa, los pies retrocedieron, el aire fue exhalado, el sudor decantó en su interior, las pupilas miraron directo en la retina y un grito aterrador descendió desde su garganta hasta el estómago. Tras el anuncio de ese canto cruel, en cinco gélidos segundos, la vida le fue arrebatada. Al desaparecer, su cuerpo dejó una enorme nube de neón…la luna volvió a brillar en el cielo, las luciérnagas volvieron a parecer y el enorme pájaro de la noche se elevó a lo alto, graznando complacido.

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